Normas indiscretas de las residencias universitarias

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Estudiar en la UMA no es fácil. Vivir en Málaga tampoco. Nadie dijo que lo fuera. Las residencias es la segunda opción más demandada por los estudiantes pero, ¿conocen realmente las normas bajo las que van a convivir?

residenciaTras el verano de tu vida llega el momento de mudarte a Málaga para comenzar tu vida universitaria. Las residencias son una alternativa muy recurrente sobre todo por Erasmus y estudiantes de intercambio, según una encuesta que nos acabamos de inventar. Aunque al principio comienzas ilusionadísimo, a mitad de curso te das cuenta que el lugar en el que vives no es lo que esperabas, las normas de convivencia no te dejan respirar y que más bien que “independizarte” parece que sigues viviendo con tus padres (o incluso peor).

Si eres de los que no toman miles de precauciones antes de escoger su morada y no investigan más allá de la localización, ten cuidado y presta atención, las políticas de convivencia de las residencias pueden estar llenas de normas inimaginables y ases debajo de la manga. Siete instituciones privadas y una pública tienen firmado un acuerdo de colaboración con la UMA, por el cual se aplica descuentos y se dan facilidades al personal universitario. De ellas destacamos las dos más curiosas con las que nos hemos topado:

Residencia Universitaria Teatinos

Ésta es la buena, la RUT. La más crack. Su carta de presentación ya es toda una declaración de intenciones: “(…) damos la máxima importancia a la participación de los padres mediante la información puntual y frecuente, bien verbal o por escrito (…)”. Por otro lado, en las normas internas podemos encontrar las siguientes perlas: horarios de estudio, restricción de la entrada a no residentes sin autorización, control de salidas y entradas informando cuando no se pernoctará en la residencia… Pero las dos reglas que más llaman la atención a ojos ajenos son las siguientes:

¿Cómo te quedas?

¿Cómo te quedas?

“En la residencia conviven estudiantes masculinos y residentes femeninas, separados por las distintas plantas y pisos. No se permiten las visitas indistintamente”.

“El personal autorizado podrá inspeccionar las distintas habitaciones y zonas comunes cuando lo estime conveniente en presencia de los titulares o en su caso en ausencia de estos”. ¡Viva la intimidad!

Para saber si es cierto o no, José Piñar, estudiante de Medicina, nos cuenta su experiencia: “Si no sobresales, te comportas correctamente y cumples las normas no te controlan. Mandan una carta a tus padres a final de cuatrimestre contando cómo te ha ido, pero al final no están muy pendientes. De mí escribieron todo lo contrario”, explica. Asimismo, confirma la existencia de horario de estudio “de 16 a 18h. para los de primer año y los veteranos con dificultades” en el que se controla la asistencia y si se falta “suben a la habitación a ver por qué la persona no está abajo”.

Además, existen cámaras de vigilancia en los pasillos de la residencia. “Todo está controladísimo para que los chicos no vayan a las habitaciones de las chicas y viceversa”. Normas curiosas donde las haya para mayores de 18 años, aunque obviamente se trata de una residencia privada que puede hacer y deshacer a su antojo. “Para dormir fuera o irte un fin de semana hace falta autorización de los padres. Te controlan sabiendo si tienes la llave de tu habitación o no: si sales es obligatorio dejarla en recepción”, relata Piñar.

La RUT colabora con programas internacionales como Erasmus o ISEP entre otros. Una estudiante de intercambio, que prefiere mantenerse en el anonimato, cuenta cómo a los alumnos extranjeros no se les consulta si quieren vivir bajo esas normas. Según ella, no se les da más opciones para residir o alternativas diferentes, pero a pesar de las diferencias la trataron “muy bien”. ¿Lo bueno de la residencia? Queda cerca del campus de Teatinos y los propios estudiantes firman un contrato en el que se les especifica esas reglas, por lo que al hacerlo aceptan convivir en esas condiciones.

Residencia Universitaria Alberto Jiménez Fraud

Aunque no es tan controvertida, corren todo tipo de rumores acerca de la residencia pública de la UMA: llamadas a los padres si llegas tarde, prohibición de invitados por la noche, cámaras de vigilancia… Ya de por sí destaca por tener un bloque para chicos y otro para chicas (algo que no se especifica en su web). Los residentes se las ingenian para saltarse las reglas pero, ¿son ciertos los bulos sobre el carácter controlador de esta residencia?

zona común fraud

Zona común según la Fraud. Bajo las hojas hay espacio.

“Era como vivir en un piso: nos fumábamos nuestros porrillos, hacíamos botellones con gente de fuera e incluso barbacoa en los patios”, cuenta Carolina Jiménez, estudiante de Periodismo que vivió en la residencia en su primer curso. Miriam Fernández, también estudiante de Periodismo (¡qué cosas!), nos explica su experiencia: “Hacían cosas raras como meter a compañeros de apartamento a mitad de curso sin consultarlo; pintar la habitación, también durante el curso, sin avisar; o arrastrarme la pelusa de toda la casa bajo la cama cuando limpiaban”.

Las cámaras de vigilancia existen, sí, pero según Fernández sólo “para vigilar que no se hagan gamberradas ni entre gente de fuera”, ya que no pueden entrar visitantes después de X hora, algo que también ocurre en las residencias Alfil o Santo Tomás. ¿Conclusión? Parece que los rumores de control exhaustivo no son tales, vives como si lo hicieras en un apartamento y no hay problemas de visitas entre los bloques de chicos y chicas.

El resto de residencias universitarias con convenio no son tan controvertidas, al menos según nuestras fuentes. Eso sí, la mayoría no permite visitantes en los pisos/habitaciones o tienen toque de queda. Variedad de todo tipo: desde Confort San Carlos, a Santa Paula (donde te dan bonobús mensual gratuito si estudias en Teatinos) o el Albergue Inturjoven para los más perroflautillas. ¡Échale un vistazo al mapa!

 

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Acerca de Inmaculada Montes

Como dijo el coronel Buendía: "Aquí, esperando que pase mi entierro". La lluvia de Londres me tenía hasta el moño y me volví a Córdoba. Mi experiencia en LTG me ayudó a entrenarme para El Mundo Málaga, pero he vuelto a mis raíces.

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