Agua y sed

Hace tiempo que el Málaga ha perdido la continuidad en el juego y, por ende, resultados que significaron el mejor arranque de la historia del club. Lastrado por el desgaste físico y mental de jugar tres competiciones, el conjunto andaluz ha sumado cinco de los últimos dieciocho puntos de Liga BBVA. El equipo albiazul padece Iscodependencia sin cura conocida, sólo Joaquín puede paliar –que no curar- la ausencia del malagueño.

Isco comienza a sufrir el síndrome Cazorla: el asturiano sacrificaba su hábitat natural – ¾ de campo- para inmiscuirse en las labores de creación en pos del equipo. El ahora jugador del Arsenal es más polivalente que el del Arroyo y atesora una serie de capacidades distintas que le permitían multiplicarse y sumarse con mayor asiduidad al ataque malagueño. El fondo físico no es la mejor cualidad de Isco y por ello, su presencia en los partidos se diluye cuando tiene que bajar constantemente al centro del campo para dar salida al equipo desde atrás.

Para liberar al internacional sub-21 de las labores de iniciación, Portillo ha entrado en el esquema como organizador pero el joven canterano, a pesar del extraordinario rendimiento esta temporada, no termina de alcanzar cierta regularidad; e.g.: tras ser el mejor ante el Valencia, frente al Getafe anduvo impreciso en las asociaciones y desubicado.

El partido de El Coliseum Alfonso Pérez enfrentó a dos equipos muy disciplinados en defensa pero exentos de ideas y frescura en ataque. Sin capacidad para hilvanar alguna jugada de peligro en base a la posesión, el partido se decidió –como no podía haber sido de otra forma- por un solitario gol de Barrada, que cabeceó un magistral saque de esquina botado por Pedro León.

A pesar del poco juego ofrecido por el Málaga, los andaluces tuvieron dos ocasiones para remontar el envite pero no las aprovecharon: Santa Cruz envió a la grada un preciso pase de Saviola que le situó solo ante Moyá; mientras que el conejo se topó con una extraordinaria parada doble del meta azulón y el poste en su camino hacia el gol. Asimismo, el Getafe también pudo aumentar la diferencia con el Málaga volcado al ataque en los minutos finales, pero la delantera local se encontró siempre con Willy Caballero. Además, cabría destacar que el arbitraje, como el juego, fue bastante malo. José Luis González González debió pitar, al menos, dos penas máximas a favor de los locales.

El éxito de la filosofía futbolística de Pellegrini radica en el potencial táctico-técnico en ¾ de campo. La permutación constante de posiciones de Isco-Joaquín-Saviola y la incansable profundidad de sus laterales son los rasgos más característicos de la mejor versión de este Málaga. Cuando el balón no circula con fluidez por la medular hasta la frontal rival y sin Monreal –Eliseu es extremo por mucho que quieran disfrazarlo de lateral-, el conjunto andaluz recuerda aquella canción de Jarabe de Palo que decía: “…serio problema cuando uno tiene sed, pero el agua no está cerca; cuando uno quiere beber, pero el agua no está cerca…”.

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Acerca de Adrián Cortés Pérez

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