Black Mirror: el reflejo de una sociedad enferma

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Por Bea Lara.
Black Mirror, de Charlie Brooker, es una serie tan corta como intensa. En tres capítulos que duran desde unos 40 a unos 60 minutos, repasa las implicaciones que puede llegar a tener una sociedad de la información como la que tenemos: las personas están interconectadas entre sí, conectadas con sus smartphones  constantemente a internet, controladas a través de sus dispositivos, y el todo vale se hace cada vez más evidente.

La trama de los tres capítulos es independiente, es decir, cada capítulo tiene un inicio, un desenlace y un final cerrado, lo que hace que la serie pueda verse como si de tres películas o mediometrajes independientes se trataran. Sin embargo, una idea hila la serie: ¿cómo cambia nuestra realidad y forma de ver las cosas el bombardeo constante de información al que estamos sometidos? Además, la serie va en progresión con respecto a la tecnología utilizada: el primer capítulo muestra los medios que tenemos actualmente (internet, televisión) y el segundo y el tercero muestran tecnología con la que de momento sólo podemos soñar.

El primer capítulo, escrito por el propio Brooker, y con el nombre de ‘The national anthem’, plantea al espectador la inmediata pregunta “¿y tú qué harías?“.

En Reino Unido, la princesa del pueblo – que no es ninguna suerte de Belén Esteban, sino más bien una Lady Di – es secuestrada. El secuestrador usa Youtube para hacer llegar al Primer Ministro un mensaje con una petición un tanto incómoda, condición para salvar a la princesa.

El morbo que mueve a la gente, la dignidad y el orgullo contra lo que es correcto o el bien mayor, la imposición de la masa sobre el individuo, la falta de escrúpulos entre los profesionales de la información con el fin de ser los más vistos, el fácil acceso y propagación de la información en internet… Todo esto y más se puede ver en este primer capítulo que, con diferencia, es el más impactante de toda la serie y, en mi opinión, el mejor y con más contenido moral. Quizá porque nos pilla más cerca el contexto que presenta este capítulo que el resto, y por lo tanto, presenta una situación que podría llegar a darse.

El segundo capítulo, ’15 million merits’, también lo firma Charlie Brooker, junto a Konnie Huq. Avanzamos con él hasta una sociedad en la que los estamentos no podrían estar más marcados: el más bajo – en el que se encuentran los gordos – se encarga de limpiar la suciedad de los del medio, y los del medio se dedican a pedalear en bicicletas estáticas para producir energía para los de arriba.

En esta sociedad, que se encuentra en medio de un mundo basado en Kinect (o en Wii) y en Britain’s Got Talent, a los curritos pedaleadores les venden que pueden llegar a ser algo mejor que ciclistas que no van a ningún lado, que personas monocromáticas – todos van con el mismo uniforme – sujetas a unas estrictas reglas. Los acribillan constantemente con publicidad de aquellos que dejaron las bicicletas para poder vestir la ropa que quisieran, hacer lo que realmente les gustara y ser famosos. En definitiva, les venden la panacea.

¿Cómo llegan a esa vida ideal a la que todos aspiran? Deben comprar un ticket para poder presentarse a un casting que determinará si sirven para algo de lo que buscan, ya sea cantante, actor o actriz porno, presentador de algún programa o concurso… Ese ticket cuesta 15.000.000 de méritos, es decir, años de trabajo. O no.

El bombardeo de la publicidad, el engaño, las apariencias, el esfuerzo por conseguir un sueño, el renunciar a uno mismo en pos de una vida supuestamente mejor… Todo contenido en los sesenta minutos del segundo capítulo de Black Mirror.

El tercer capítulo lo firma Jesse Armstrong y se llama The entire history of you’. En la sociedad que nos presenta casi todo el mundo lleva implantado el grano, una unidad que almacena absolutamente todo lo que hacemos, vemos y oímos. Además, puede accederse a la información almacenada una y otra vez sin que esta se deteriore o sea alterada, como pasa en la memoria orgánica (es decir, la que traemos de serie), ya sea proyectándola en una pantalla o en los ojos de la persona.

¿Cuánto tiene de ventaja y cuánto de inconveniente? Posiblemente nunca olvides de este modo los momentos más maravillosos de tu vida, o la lista de la compra. Pero ¿qué pasa si quieres olvidar algo que te produce dolor? ¿Y si te roban el chip? ¿Es bueno que nuestras memorias – es decir, nuestras identidades – las custodien las máquinas, o es mejor que se haga a la antigua usanza?

Black Mirror es una reflexión sobre la información y la tecnología, cómo hacemos uso de ellas, cómo influyen en nosotros y cómo influimos en ellas. Tan fugaz que cuando terminas el tercer capítulo pones cara de ¿pero qué…? ¡¿Ya?!

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